jueves, 8 de julio de 2010
Él la miró, como si fuera la primera vez, con su cara enamorada y su expresión apasioanada. Nadie entiende como, pero un fuego resplandeció en su corazón. Nunca se había sentido así, tan afligido por un amor. Tal vez sería su alma gemela o su media naranja, tal vez sería a la única persona que había amado realmente, pero era la persona más feliz al verla. Su sentimiento era infinito, su corazón latía, su cara se enrojecía, su frente se humedecía, era el hombre más agradecido del mundo, la amaba con todo su ser. Ella era todo, era su único objetivo, su razón de vivir, moría por ella.. Su amor incrementaba día a día, la igualaba al cielo, la creía inmensa, llena de ilusión, no había nada mejor. Ella lo amaba, más que a nada, cuando lo miraba sus ojos brillaban, como cuando brilla un lucero. No había más lugar para nadie, era solo él, su único amor, su verdadero amor, lo que anhelaba más que a nada, su deseo magnífico. Jamás se podría comparar su amor a cualquiera que haya tenido, en su vida se había borrado todo su pasado, realmente se profesaban un amor infinito, un amor duradero, para siempre. Se amaban, pero nunca lo dijieron, que era el dolor más amargo que tenían, el no ser del otro, jamás alguien lo comprenderá, el no pertenercerse, aunque era conocido su amor, nunca se arriesgaron, pobres infelices.
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