Hoy, cuando relativamente me acostumbré, me preguntó y vuelvo a analizar y no encuentro respuesta suficiente que explique esta situación. No entiendo el desamor, la frialdad, no entiendo el desencuentro, el destiempo, la distancia. Tampoco quiero saberlo, no quiero y no puedo; sigo sin comprender el porqué, el porqué de tu ausencia, de tu dolor. Me preocupa y me abruma, intentó y me frustró. Me duele el alma, el vacio que siente mi corazón, el dolor que abarca mi alma. El hecho de estar situados en una situación que nos perturba, nos molesta y nos lastima, el sentido de traicionarnos, odiarnos sin razón, de querer ir y gritar con todas nuestras fuerzas lo que sentimos, lo que nos pasa, de aguantar ese abrazo que recorre nuestro cuerpo e impulsivamente quiere sentir al otro. Pero lamentablemente, por orgullo o quizá por cobardía es el paso que no nos animamos a dar, no sabemos pedir perdón ni aceptar nuestros errores, talvez sea lo peor que nos suceda, nos até a un mundo frágil, nos llené los ojos de oscuras lágrimas y sin embargo no hacemos nada para cambiarlo, es más fingimos que no nos interesa aunque nos morimos por dentro, ese es nuestro castigo; haber dado tanto amor y sufrir una puñalada en el pecho, no poder reconocer nuestras equivocaciones y por miedo a aceptarlas llorar, maldecir y sufrir la peor pérdida.
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